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Los babilonios estudiaron los movimientos del Sol y de
la Luna para perfeccionar su calendario. Solían designar como comienzo
de cada mes el día siguiente a la luna nueva, cuando aparece el
primer cuarto lunar. Al principio este día se determinaba mediante
la observación, pero después los babilonios trataron de
calcularlo anticipadamente.
Las
primeras actividades astronómicas que se conocen de los Babilonios
datan del siglo VIII a.C. Se conoce que midieron con precisión
el mes y la revolución de los planetas.
La observación más antigua de un eclipse solar procede
también de los Babilonios y se remonta al 15 de junio del 763 a.C.
Los babilonios calcularon la periodicidad de los eclipses, describiendo
el ciclo de Saros, el cual aun hoy se utiliza. Construyeron un calendario
lunar y dividieron el día en 24 horas. Finalmente nos legaron muchas
de las descripciones y nombres de las constelaciones.
Hacia el 400 a.C. comprobaron que los movimientos aparentes del Sol y
la Luna de Oeste a Este alrededor del zodíaco no tienen una velocidad
constante. Parece que estos cuerpos se mueven con velocidad creciente
durante la primera mitad de cada revolución hasta un máximo
absoluto y entonces su velocidad disminuye hasta el mínimo originario.
Los babilonios intentaron representar este ciclo aritméticamente
dando por ejemplo a la Luna una velocidad fija para su movimiento durante
la mitad de su ciclo y una velocidad fija diferente para la otra mitad.
Perfeccionaron además el método matemático representando
la velocidad de la Luna como un factor que aumenta linealmente del mínimo
al máximo durante la mitad de su revolución y entonces desciende
al mínimo al final del ciclo. Con estos cálculos los astrónomos
babilonios podían predecir la luna nueva y el día en que
comenzaría el nuevo mes. Como consecuencia, conocían las
posiciones de la Luna y del Sol todos los días del mes.
De forma parecida calculaban las posiciones planetarias, tanto en su
movimiento hacia el Este como en su movimiento retrógrado. Los
arqueólogos han desenterrado tablillas cuneiformes que muestran
estos cálculos. Algunas de estas tablillas, que tienen su origen
en las ciudades de Babilonia y Uruk, a las orillas del río Éufrates,
llevan el nombre de Naburiannu (hacia 491 a.C.) o Kidinnu (hacia 379 a.C.),
astrólogos que debieron ser los inventores de los sistemas de cálculo.